Los bancos han desarrollado en los últimos años un amplio despliegue de ventas para sacudirse la pesada losa del ladrillo de sus balances. Aun así, algunas entidades conservan importantes carteras de los miles de inmuebles con que las cargó la crisis y en ciertos casos todavía están pendientes de adoptar importantes decisiones de venta de ladrillo que pueden marcar hasta la estrategia de futuro del propio banco. A pesar de todo lo recorrido en este proceso de adelgazamiento de activos indeseables, la presión del Banco Central Europeo para que las entidades limpien sus balances es más intensa que nunca, y aunque el fardo inmobiliario sea con diferencia el más pesado, el regulador ha empezado a poner el foco además en otro tipo de activos problemáticos, que consumen capital. Es el caso de las carteras de los llamados seguros de ahorro.

Estos productos, vendidos hace más de diez años, fueron colocados por la banca en momentos en los que los tipos de interés rondaban el 5% y la renta fija presentaba importantes rentabilidades (hasta del 7%) con riesgo mínimo. Un paisaje muy diferente al actual, en el que solo aproximarse a tales rentabilidades supondría una indeseable fuente de riesgos para la banca.

Aunque no se disponga de datos precisos del mercado nacional, puede dar idea de su volumen que el mercado mundial de carteras de seguros improductivos roza los 600.000 millones de euros, y el importe en Europa está en unos 220.000 millones. Pero el escenario de tipos ultrabajos amenaza con elevar esa cantidad. Y los compromisos de esos productos, con vencimientos en muchos casos décadas tras su suscripción, deberán cumplirse tarde o temprano. La cuestión es que en el actual escenario no hay activos sin riesgo que se acerquen a aquellas jugosas rentabilidades comprometidas hace una década.

Metamorfosis así, ligadas a los cambios de la temperatura económica, no son extrañas en el mundo de las finanzas. Esta vez, esas carteras de seguros han pasado de ser una mina de oro a un lastre en los balances. Y lo preocupante es que esos seguros improductivos puedan estar más extendidos de lo que se pueda suponer. En la parte positiva para los bancos, y pese a la nula rentabilidad de estas, aparecen cazadores de estas carteras improductivas, como los fondos de capital riesgo, que las pueden hacer producir en áreas con regulaciones menos restrictivas. Por ello, es previsible una oleada de ventas en los próximos meses, acelerada por las exigencias del regulador. Eso sí, mientras la banca los elimina de los balances, los nuevos propietarios de esos activos les inyectarán riesgo con una gestión más sofisticada.

Fuente: Cinco Días