El pasado mes de diciembre Reyes Maroto, ministra de Industria, Comercio y Turismo, presentaba la Agenda Sectorial de la Industria Aeronáutica, planteada con el objetivo de incrementar la capacidad tecnológica e industrial y establecer las acciones necesarias para el desarrollo óptimo de nuestras empresas aeronáuticas. La agenda alimentaba la esperanza de que al fin la Administración iniciaba un camino pendiente de recorrer con el propósito de prestar un apoyo institucional estable al desarrollo de la industria aeroespacial española.

El reciente anuncio de elecciones devuelve a nuestra industria a la situación anterior, la ausencia de un marco plurianual estable, firme, consensuado y no alterable por el escenario político o las decisiones de legislatura, que recoja las ayudas a la I+D, a la mejora de los procesos, a las nuevas inversiones y a la participación en nuevos proyectos. Un marco institucional que apuntale la competitividad de la industria aeronáutica española frente a nuestros competidores alemanes, británicos o franceses, que cuentan desde hace años con el soporte decidido de la Administración pública con el propósito de hacer de la aeronáutica una industria de Estado.

Son muchas las oportunidades que se presentarán en los próximos años y debemos estar preparados para ser competitivos cuando lleguen, especialmente si tenemos en cuenta que los países de nuestro entorno han creado programas públicos concretos para apoyar a su sector aeronáutico.

La industria aeronáutica española facturó en 2017 casi 9.000 millones de euros y sostuvo más de 43.000 empleos de alta cualificación (108.000 si sumamos el empleo indirecto). En base a estas cifras, podemos definir la aeronáutica como una industria de referencia para la economía y el progreso de España. En los últimos 15 años, la participación española en el sector aeronáutico mundial se ha multiplicado por cuatro, dando lugar a una representación del 4,7% de nuestro PIB industrial con un porcentaje de más del 80% dedicado a la exportación. España se ha convertido en uno de los pocos países de nuestro entorno con la experiencia, el conocimiento, el desarrollo tecnológico y la capacidad industrial necesarios para diseñar, fabricar y poner en vuelo un avión. Más del 10% de la facturación de la industria aeroespacial española se invierte en I+D+i frente al 3% de media nacional, según datos del INE. En cuanto a la tasa de retorno social generada por programas aeronáuticos de I+D+i, según los datos de la Guía estratégica 2015-2025 de Tedae, es del 70% anual, lo que significa que por cada 100 euros invertidos en I+D+i aeronáutica, en 10 años se incrementa el PIB en 700 euros.

A diferencia de lo que sucede en otras industrias nacionales, la industria aeroespacial se caracteriza por trabajar con periodos de desarrollo de tecnologías y de amortización muy dilatados en el tiempo (en torno a los 20 años) que producen retornos de inversión muy a largo plazo. Esto plantea la necesidad de disponer de políticas industriales de Estado y planes de apoyo a la I+D+i a largo plazo, así como marcos financieros estables que permitan su sostenibilidad y competitividad en un mercado global en el que la implicación de los Estados en el sector es muy alta como cliente, como regulador e, incluso, como accionista en algunos casos.

En la actualidad, la industria aeronáutica española vive un momento crítico en el que es necesario recuperar el apoyo que años atrás tenía de la Administración pública y que, como consecuencia de la crisis económica y la lenta recuperación, no ha podido mantener en los últimos años. Es necesario relanzar un plan sectorial que incluya la participación de las Administraciones, la industria y los organismos de investigación. No es momento de perder el tiempo en un entorno en el que nuestros competidores están avanzando a gran velocidad y en el que las decisiones que tomemos ahora marcarán el futuro de nuestro país.

Necesitamos contar con un plan estratégico para el sector y, para ello, necesitamos el apoyo sostenido de la Administración, independientemente del momento político y del Gobierno.

España debe tomar conciencia de la importancia de la industria aeroespacial, tanto por el importante retorno que tienen sus inversiones para la sociedad como por la importancia para España de continuar siendo un país tecnológicamente avanzado en el ámbito de la ingeniería aeronáutica. En nuestras manos está conseguirlo.

Ginés Clemente es fundador y consejero delegado de Aciturri

Fuente: Cinco Días