La reputación de Michael O’Leary depende de los sándwiches. El veterano jefe de Ryanair está sentado en una posición poco atractiva entre la competencia feroz en los viajes aéreos de bajo coste de Europa y un personal que exige salarios más altos. Con el aumento de los costes del fuel también fuera de su control, eso implica vender bocadillos cada vez más caros a bordo.

Los ingresos complementarios fueron el único punto positivo del ejercicio para Ryanair, que ayer anunció unos ingresos netos de 1.000 millones, los más bajos en cuatro años. Frente al exiguo crecimiento de los ingresos por billetes, los de alimentos, bebidas, asientos reservados y prioridad en el equipaje aumentaron un 19% hasta los 2.400 millones, un tercio del total.

Incluso con eso, el margen de explotación de Ryanair se redujo del 23% anual al 15,7%, gracias principalmente a un salto de 441 millones en la factura de combustible, y a 207 millones adicionales en salarios. Invertir en una tripulación más satisfecha debería reportar beneficios a largo plazo, dada la reputación de malhumorado de su personal. Pero el golpe a los márgenes quita brillo a la corona de Ryanair. Aunque todavía casi duplica a easyJet, se está acercando incómodamente al 12,5% de IAG.

Cambiar de rumbo no parece fácil. Aunque se ha fijado como objetivo un aumento del 10% en los pasajeros, hasta 153 millones, el año que viene, la guerra de precios implica que pagan menos. El año pasado, el precio medio del billete bajó un 6%, hasta solo 37 euros. Si la misma caída se repite este año, los ingresos no crecerían mucho más que el 1% de 2018, incluso si alcanza sus objetivos de volumen. El aplazamiento de las entregas de los nuevos Boeing 737 MAX 8, que llevan más pasajeros y consumen menos fuel, fueron, sin duda, una doble dosis imprevista de mala suerte. Pero eso no está en sus manos.

Ahí es donde entran los sándwiches. Si los complemente duplican el rendimiento del año pasado, añadirán otros 455 millones en ingresos, prácticamente eliminando la subida prevista de los precios del fuel. La trampa está es que contentar a los accionistas vendrá a expensas de clientes más gruñones.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías

Fuente: Cinco Días