Al margen de consideraciones políticas o técnico-jurídicas, el juicio a los líderes del procés está poniendo de manifiesto las grandes habilidades de algunos letrados y fiscales, quienes, sobreponiéndose a la presión de saberse en el foco mediático, exhiben una gran pericia argumental y dialéctica. A lo largo del juicio oral, que solamente en el caso de los testigos hay previstos más de 500, se ha alabado especialmente el estilo incisivo del fiscal Javier Zaragoza.

No obstante, para ejecutar un buen interrogatorio no basta con ser insistente, sino que conviene tener en cuenta muchos otros factores. Así, se distinguen dos tipos. El primero es el que se hace a los testigos cuya declaración es afín a la postura defendida. En este caso, el letrado debe buscar que el declarante reproduzca esta versión. Así, los expertos recomiendan usar preguntas abiertas o semiabiertas que den pie a una contestación más extensa. Para el abogado, señalan, este es el modelo más sencillo.

La complicación llega cuando el que se sienta en el centro de la sala es un testigo hostil; es decir, aquel cuyo testimonio va en contra de los intereses del interrogador. En este caso, se recurre al con­trainterrogatorio. Aquí, una cuestión abstracta puede ser muy perjudicial, “ya que no tenemos control sobre lo que nos van a decir”, apunta María Isabel Toledo, abogada y directora de Role Play Jurídico, quien se inclina por formular preguntas cerradas, directas y concretas.

Preparación previa

Antes de comenzar el juicio oral es fundamental llevar a cabo una preparación exhaustiva de los hechos y el interrogado, y definir la estrategia que se va a ­seguir en cada caso. En este sentido, Óscar Fernández León, abogado y autor de varios libros en materia de litigación, alerta de que “nunca hay que hacer una pregunta de la que no se sabe su respuesta”. Además, es importante definir claramente cuál es el propósito que se quiere alcanzar en cada interrogatorio. “Si no tienes un objetivo, no preguntes”. Y matiza que, ante un testigo hostil, “el objetivo será desacreditar su versión”.

Este es uno de los retos más complejos a los que se enfrentan los juristas en un juicio. Una de las vías para lograrlo es demostrar que el testigo tiene un interés directo o indirecto con la causa. “De ser así, el juez invalida completamente su testimonio, no lo podrá tener en cuenta a la hora de dictar sentencia”, aclara Toledo.

Otra forma de quitar valor a una declaración es logrando que incurra en contradicciones. “En penal, por ejemplo, es muy común preguntarle por su ubicación, la hora del día o la luz que había para demostrar que no pudo ver con nitidez los hechos”, indica la jurista. Y, en el caso de que el declarante esté directamente mintiendo, el abogado debe formular preguntas rápidas, cerradas y pidiendo detalles sobre el caso.

Prohibido leer

En un juicio oral es habitual que el abogado cuente con una lista con las preguntas que va a formular. No obstante, Igor Yáñez, abogado y especialista en el ámbito procesal, rechaza este método, ya que entorpece la fluidez de la intervención. “Además, siguiendo esta técnica, es habitual que el abogado se bloquee cuando no obtiene la respuesta que esperaba”, explica.

En su lugar, Yáñez es partidario de elaborar un guion con las respuestas que se buscan obtener. De esta forma, agrega el letrado, “abres el abanico de preguntas para llegar a la misma conclusión”. No obstante, la mejor manera para dominar esta parte del proceso “es a partir de la experiencia”.

Respeto y elegancia

En todo interrogatorio, el tono y la forma de expresarse del abogado son factores clave. En este sentido, los expertos recomiendan educación y elegancia a la hora de formular las cuestiones.

Sin embargo, y tal y como observa Mariola Hernández, abogada de LexFam y coach del sector legal, “no por ser más respetuoso con el testigo significa que vaya a ser menos duro”. Un tono agresivo, por el contrario, provoca que el interrogado adopte una posición defensiva y se cierre en banda, lo que generalmente impide conseguir un testimonio favorable.

En esta línea, Hernández hace referencia al lenguaje corporal, y define que la posición debe ser relajada y levemente inclinada sobre la mesa. Asimismo, la especialista recomienda modular la voz y los gestos conforme a los del deponente. “Se trata de bailar con el contrario”, afirma, y explica que, al espejarnos en la actitud del interrogado, “es más sencillo lograr, por ejemplo, que un testigo receloso se relaje” para, así, lanzar una pregunta controvertida.

Saber parar

De igual manera que el letrado debe saber cómo hacer una pregunta, también ha de ser consciente de cuándo parar. Ante un testigo hostil, este momento se da cuando, o bien se está reafirmando en la versión que perjudica a los intereses del cliente, o bien cuando obtiene la información que se necesitaba. Y es que, en caso de seguir, “hay muchas probabilidades de que surjan contradicciones”, advierte Hernández.

Consejos del juez

Varias cuestiones. Muchas veces, los letrados usan técnicas que, aunque resulten eficaces, pueden irritar al juez. En este sentido, Juan Pablo González del Pozo, magistrado del Juzgado de Primera Instancia número 24 de Madrid, pide a los abogados no formular la misma pregunta de varias maneras diferentes. “Si no contesta, conviene comunicárselo al juez”, apunta, a la vez que subraya el evitar entrar en discusión.

Buscar lucirse. Otra de las situaciones que pueden darse en un interrogatorio es que el letrado proponga más testigos de lo necesario o que formule preguntas que no son pertinentes al caso. “Es una práctica que, aunque no habitual, busca que los abogados se luzcan de cara a los clientes”, critica Del Pozo, quien insta a los letrados a ceñirse a lo necesario para no alargar el proceso.

Hechos demostrados. En ocasiones, los letrados pueden hacer cuestiones sobre asuntos que ya han sido demostrados o probados previamente. “Esto retrasa mucho el proceso, ya que no debería existir debate sobre un hecho que ya ha sido probado”, señala el magistrado.

Valoración personal. En el juicio al procés, uno de los axiomas más repetidos es que no se le puede pedir a un testigo una valoración o calificación jurídica de los hechos. Los magistrados insisten en esto: las preguntas tienen que limitarse a lo que el testigo percibió a través de sus sentidos.

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Fuente: Cinco Dias.